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domingo, 16 de diciembre de 2012
sábado, 15 de diciembre de 2012
Cómo educar en valores
Qué necesitan los niños para vivir y convivir bien con los demás:
Nos preguntamos muchas veces por qué es importante y necesario que eduquemos a nuestros hijos a través de los valores. Educar a nuestros hijos para que aprendan a dar valor a algunas conductas y comportamientos les ayudará a convivir de mejor manera y a sentirse bien en el ambiente en que se encuentren.
Valores como la amistad, la comprensión, la tolerancia, la paciencia, la solidaridad y el respeto, son esenciales para un sano desarrollo de los niños.Un niño que conoce el límite del otro, podrá vivir una vida sana y saludable, sea en su entorno familiar o escolar. Un niño que sabe respetar a los demás, será más fácilmente respetado, y así con todo.
Transmitir valores a los hijos
Los valores son las reglas de conducta y actitudes según las cuales nos comportarnos y que están de acuerdo con aquello que consideramos correcto. Al nacer, los niños no son ni buenos ni malos. Con la ayuda de sus padres, educadores y de los que conviven con ellos, aprenderán lo que está bien y lo que está mal decir, hacer, actuar, vivir.
Pero, ¿cómo educar a los hijos en valores? Primero, conociendo cada uno de los valores. GuiaInfantil.com hizo una selección de los principales valores para que los padres hagan un repaso y luego se los enseñen en el día a día a sus hijos, y con ejemplos.
También es preciso recordaros que los niños aprenden con el ejemplo. El ejemplo que dan sus padres en su forma de relacionarse con los demás, de pedir las cosas, de compartir mesa, asiento, de cooperar, de ayudar a los demás, de defender, de reclamar, de tolerar y aceptar. Si los padres no tienen paciencia con su hijo, ¿qué creen que el niño va a aprender? La responsabilidad que tienen los padres en la transmisión de los valores a sus hijos es
crucial.
El siguiente vídeo invita a la reflexión de como los padres son nuestro primer indicio de una formación ética,enseñándonos lo que es bueno o malo...por eso hay que tener cuidado con lo que se le enseña a los hijos.
crucial.
El siguiente vídeo invita a la reflexión de como los padres son nuestro primer indicio de una formación ética,enseñándonos lo que es bueno o malo...por eso hay que tener cuidado con lo que se le enseña a los hijos.
domingo, 9 de diciembre de 2012
La responsabilidad del padre
Ser un buen padre es quizás una de las "profesiones" más difíciles de la vida. No basta con engendrar un ser y preocuparse por su sustento, como no basta lanzar el cemento y las estructuras para llegar a ser un buen constructor. Cuando se es padre, el hombre está al frente de la responsabilidad de construir el edificio más perfecto y preciado de su existencia.
Pero, desgraciadamente, en los tiempos actuales, son pocas las instituciones que se preocupan de formar al hombre moderno para esta difícil profesión de profesor, ingeniero, constructor, médico, consejero y amigo del niño. Nadie enseña el difícil arte de ser PADRE. Todos, bien o mal, son autodidactas y se han formado en lo que alguien muy apropiadamente llamó "La universidad de la vida"
¿Se ha preguntado usted alguna vez si le da a su hijo lo que realmente él necesita? No nos referimos naturalmente a los bienes materiales. Para el niño, durante las largas etapas de su formación, es mucho más importante que su padre esté junto a él, para resolver sus inquietudes, para compartir sus juegos, para desahogar sus penas, que si lo llena de los juguetes más caros y sofisticados.
El principal problema de la familia moderna es la falta de comunicación entre padres e hijos. Pero es tan fácil, tan simple, establecer amistad con sus hijos. Es cuestión de que el padre se lo proponga. Empiece por contarle al niño algunas de sus experiencias del día; hágalo penetrar en ese mundo que para él parece tan alto, tan lejano y complicado. Debe hacerlo en un lenguaje claro y que al mismo tiempo sirva para que el pequeño amplíe su vocabulario. No cometa el error de hablar sólo usted, todos los niños tienen una imaginación increíble, sus días de colegio, sus experiencias de fuego están plagados de novedades que necesitan ser comunicadas a alguien.
¿Quién más importante que SU padre para escucharle contar sus triunfos y los "actos heroicos" realizados en la jornada escolar? No permita que sus propios problemas le impidan dedicarle a su hijo un tiempo para que él comparta sus experiencias. Si no fomenta en sus hijos la buena costumbre de dialogar en familia desde que son pequeños, no se sorprenda si cuando son adolescentes, existe una barrera impenetrable entre ellos y usted.
No necesitará haber obtenido un diploma en "La Escuela para Padres". Si así lo hubiera hecho, no podría darles respuestas para todos sus problemas. Si es que sabe compartir día a día con sus hijos, sus inquietudes y sus problemas, está logrando un marco de comprensión y amor que ayudarán a sus hijos a alcanzar la madurez.
En el siguiente enlace podréis encontrar un artículo del Instituto Valenciano de Pedagogía Creativa:
viernes, 30 de noviembre de 2012
EDUCAR CON EL EJEMPLO
No existe mejor forma de enseñar a los niños que con el ejemplo mismo. Actitudes, valores, comportamientos, modos y maneras de ser, todo eso los niños lo aprenden diariamente de los adultos que estamos con ellos.
Con ello, queda claro que cualquier conducta (las buenas y las no tan buenas) que el niño ve en sus padres serán susceptibles de ser imitadas. No sólo los padres serán modelos a imitar, el resto de su familia, el círculo de amigos más próximo, la escuela, la televisión,… serán fuente potencial de conductas a imitar. Con lo dicho anteriormente, se puede deducir que el comportamiento de los niños y, en un futuro, el del adulto puede haber tenido como origen la imitación de una conducta previamente observada. Conducta del adulto = El niño imita la conducta = Refuerzo por parte del adulto (mayor cuanto más se parezca a la del adulto) = Repetición de la conducta por parte del niño.
Existen algunos motivos por los que un niño empieza a repetir una mala acción. Una de las vías para adquirir un mal hábito es la imitación. Los niños, principalmente los más pequeños, aprenden imitando. En casa, los niños imitan a sus padres y/o hermanos. En la escuela, a sus compañeros y maestros. Si el niño, no todos, convive con alguien que guiña los ojos a cada tres por cuatro, es probable que con el tiempo llegue a imitarlo e inconscientemente se inicia un hábito. Lo mismo ocurre si los padres de este niño están diciendo palabrotas todo el día. ¿Cómo querrán ellos que su hijo no aprendan lo mismo? Hay que introducir buenos hábitos en la vida de los niños, y todo empieza en la familia, en la casa.
Otra vía de adquisición de un mal hábito puede tratarse de señales que el niño emite cuando no encuentra ni tiene palabras para expresar lo que siente o lo que le preocupa. Acaban comunicándose a través de alguna mala costumbre. En niños mayores, lo mismo puede pasar si ellos no encuentran diálogo en la familia, o no son entendidos por sus padres.
Además, por detrás de cada mala costumbre existe algo que pueda justificarla. Es necesario estar atento y, siempre que sea posible, se debe cortar lo malo por la raíz. Pero sin agobios ni ansiedades, porque en este caso los resultados pueden no ser nada buenos. Con paciencia, determinación y mucho cariño, todo se soluciona para el bien de los niños.
Aquí os dejo un vídeo, un poco impactante,para reflexionar sobre la importancia de dar un buen ejemplo a los niños.
Está claro que uno de los principales procesos a través del cual aprendemos es la imitación. Según los expertos nacemos sin saber imitar y, durante los primeros meses, a la vez que aprendemos nuevos comportamientos también aprendemos a imitar. A medida que crecemos, seguimos perfeccionando esta capacidad; imitamos más y mejor.
Con ello, queda claro que cualquier conducta (las buenas y las no tan buenas) que el niño ve en sus padres serán susceptibles de ser imitadas. No sólo los padres serán modelos a imitar, el resto de su familia, el círculo de amigos más próximo, la escuela, la televisión,… serán fuente potencial de conductas a imitar. Con lo dicho anteriormente, se puede deducir que el comportamiento de los niños y, en un futuro, el del adulto puede haber tenido como origen la imitación de una conducta previamente observada. Conducta del adulto = El niño imita la conducta = Refuerzo por parte del adulto (mayor cuanto más se parezca a la del adulto) = Repetición de la conducta por parte del niño.
Existen algunos motivos por los que un niño empieza a repetir una mala acción. Una de las vías para adquirir un mal hábito es la imitación. Los niños, principalmente los más pequeños, aprenden imitando. En casa, los niños imitan a sus padres y/o hermanos. En la escuela, a sus compañeros y maestros. Si el niño, no todos, convive con alguien que guiña los ojos a cada tres por cuatro, es probable que con el tiempo llegue a imitarlo e inconscientemente se inicia un hábito. Lo mismo ocurre si los padres de este niño están diciendo palabrotas todo el día. ¿Cómo querrán ellos que su hijo no aprendan lo mismo? Hay que introducir buenos hábitos en la vida de los niños, y todo empieza en la familia, en la casa.
Otra vía de adquisición de un mal hábito puede tratarse de señales que el niño emite cuando no encuentra ni tiene palabras para expresar lo que siente o lo que le preocupa. Acaban comunicándose a través de alguna mala costumbre. En niños mayores, lo mismo puede pasar si ellos no encuentran diálogo en la familia, o no son entendidos por sus padres.
Además, por detrás de cada mala costumbre existe algo que pueda justificarla. Es necesario estar atento y, siempre que sea posible, se debe cortar lo malo por la raíz. Pero sin agobios ni ansiedades, porque en este caso los resultados pueden no ser nada buenos. Con paciencia, determinación y mucho cariño, todo se soluciona para el bien de los niños.
Aquí os dejo un vídeo, un poco impactante,para reflexionar sobre la importancia de dar un buen ejemplo a los niños.
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